El siguiente texto es una introducción al libro y, por tanto, un resumen sin opinión de su contenido.
Emergencia en Alemania
Un manual contra la guerra
Alemania está más cerca de la guerra de lo que uno quisiera imaginar. ¿No obstante, por qué Alemania no se posiciona para una solución política a la guerra entre Rusia y Ucrania? ¿Por qué no existe una política de seguridad alemana y europea independiente? Erich Vad, exgeneral de la Bundeswehr (ejército alemán) y experto en seguridad, aborda estas cuestiones, la relación de Alemania con Estados Unidos y la importancia de una Europa independiente en su último libro »Ernstfall für Deutschland – Ein Handbuch gegen den Krieg« (Emergencia en Alemania – un manual contra la guerra), publicado en idioma alemán en el mes de noviembre de 2024 por la editorial Westend.
El libro comienza con su dramática descripción del »Worst Case«, del »peor caso« posible para Alemania en Agosto del año 2025: la guerra entre Rusia y Ucrania se ha convertido en una guerra europea.
Tras más de tres años de guerra en Ucrania, que fundamentalmente se manifiestan en Alemania a través del encarecimiento de la energía y los alimentos, el tambaleo parcial de las cadenas de producción y las oleadas de refugiados procedentes de la zona de guerra, la situación cambió radicalmente en el verano de 2025, porque el Gobierno Alemán ha cedido no solo a la presión de los medios de comunicación y de la OTAN, también frente a la voluntad de EE.UU., y ha accedido a la entrega de misiles de largo alcance Taurus, lo que hace posible que el ejército ucraniano pueda atacar objetivos en territorio ruso. Esto pone en marcha una espiral descendente en el centro de los acontecimientos bélicos. Como nodo estratégico para el transporte de tropas de la OTAN por parte de los socios de la alianza y debido al bombardeo de objetivos rusos por parte de las armas estadounidenses de alcance medio estacionadas en Alemania, los ataques de represalia se centran en la destrucción de las infraestructuras alemanas y golpean con toda su fuerza al país y a su población. La vida pública se ha paralizado y la población lucha por sobrevivir o huye.
La democracia experimenta una »pausa forzada«: la población pierde su derecho a opinar al suspenderse las elecciones y al prohibirse las manifestaciones. Encima la devastadora propaganda y desinformación de los medios de comunicación rusos dividen a una sociedad al borde de la guerra civil. El Estado Alemán no ofrece ninguna protección, la Bundeswehr, el ejercicio alemán, sigue sin ser operativo, la falta de inversión en seguridad y la protección civil por décadas está teniendo un impacto desastroso. La economía y el sistema sanitario colapsan, el caos y la incapacidad de actuar dominan la vida. La alianza transatlántica amenaza con caer, ya que los Estados Unidos categorizan la guerra contra Rusia de »asunto europeo propio«, eludiendo así cualquier otra responsabilidad.
Esta Alemania descrita no está preparada para una emergencia, sino que ha asumido durante décadas que bastaría con »querer la paz para asegurarla«.Por lo tanto ha puesto la protección en manos de otros, desatendido los intereses nacionales en lugar de tomar precauciones previsoras y polifacéticas y reforzar su propia política de seguridad.
Erich Vad analiza en ocho medidas cómo podría producirse una escalada de este tipo y propone soluciones políticas para que los escenarios escalofriantes descritos anteriormente o posibles escenarios similares no se hagan realidad.
Primera medida
Reconocer el problema: Nos perdimos el (primer) tren
Reconocer las perspectivas, motivos y las acciones tanto del bando bienintencionado como del adversario es la base de una geopolítica en la que puedan tomarse decisiones conscientes. En un estancamiento militar que no admite perdedores, debe haber negociaciones si se quieren evitar años de guerra con cientos de miles de muertos y aún más destrucción y sufrimiento. Sin embargo, quienes toman las decisiones no están en Europa y, sobre todo, no en Ucrania, sino en los Estados Unidos y en Rusia.
Segunda medida
Actuar: Alemania se hace más pequeña de lo que es
Ni Alemania ni la Unión Europea están actualmente establecidas como Global Players, actores globales, y no forman un fuerte contrapeso a las superpotencias dominantes. Las realidades geopolíticas han cambiado, y junto a las antiguas superpotencias, EE.UU. y Rusia, en una clara división Este-Oeste, los Estados BRICS se están estableciendo ahora como la contraparte del Sur y China como potencia mundial emergente que reclama el dominio en la región euroasiática. La UE debe entonces emanciparse del anterior »proyecto de paz integrador« e impulsar una mayor integración para formar una unión económica, política y militar y posicionarse así con fuerza como un serio contrapeso en el nuevo orden mundial.
Para lograrlo, sin embargo, Alemania, como la mayor fuerza económica impulsora dentro de Europa, debe abandonar su habitual moderación y pasar a la ofensiva política. Es importante iniciar activamente negociaciones de paz en cooperación con otras potencias europeas como Francia y Polonia y todos los demás pesos pesados, aumentar la presión diplomática sobre Rusia y poner fin políticamente a esta guerra, que perjudica a todos, porque »sin paz, nadie sobrevivirá a largo plazo«.
»Sin embargo, ser un Global Player es también una cuestión de voluntad, no sólo de capacidad.«
Tercer medida
Saber lo que queremos: sin objetivos no hay camino hacia la meta
Alemania debe formular y perseguir sus propias ideas e intereses. Esto plantea la cuestión de qué objetivos son realistas y alcanzables: ¿Accionismo político y simbolismo o estrategias de negociación orientadas a la búsqueda de soluciones? ¿Una Ucrania independiente?
¿Cuál es la contrapartida para Rusia? ¿Cuáles son las consecuencias del envío de armas? ¿Cuál es el plan para después?
¿Cuáles son los intereses de Alemania y Europa más allá de la guerra? ¿Cómo ve Alemania su futura relación con Estados Unidos, China y el Sur Global?
Cuarta medida
Valerse por sí mismo: Alemania debe (y puede) pensar en si misma
Alemania y Europa reaccionan en lugar de actuar. Al hacerlo, no se están posicionando como un »socio igualitario« en los asuntos políticos mundiales.
En contra de sus capacidades, Alemania no desempeña un papel de liderazgo ni en la UE ni en la OTAN. La reticencia de Alemania es autofabricada y obligará al país a desempeñar en el futuro un papel de apoyo permanente en la escena mundial si sigue escondiéndose detrás de los demás en lugar de comunicar abiertamente sus propios intereses políticos y hacerlos valer frente a la resistencia.
»La búsqueda de soluciones políticas responde a la exigencia de paz de la Ley Fundamental Alemana.«
Quinta medida
Construir la disuasión, buscar el entendimiento: cómo la Bundeswehr y los políticos aseguran la paz
En el nuevo orden mundial multipolar, Alemania debe reafirmarse para no convertirse en espectadora de los juegos de poder de los demás. Y para reafirmarse en la escena mundial, hacer valer sus propios intereses y mantener la seguridad y la libertad, el pensamiento alemán debe alejarse del »concepto de paz« que ha perseguido durante años y transformarse en una fuerte estrategia de defensa militar para, por un lado, demostrar disuasión y, por otro, ganar socios.
La solidaridad transatlántica ya no se basa en las mismas condiciones que durante la Guerra Fría y se ha transformado en dependencia o obediencia de Alemania hacia EE.UU. La OTAN ha pasado de ser una alianza puramente defensiva a una alianza de conveniencia para hacer valer los intereses de los distintos Estados miembros.
El papel que desempeñaba Alemania durante la Guerra Fría era de vital importancia, en la interfaz directa entre Occidente y Oriente. Y era de interés común evitar una guerra en Alemania, que habría »hecho más mal que bien« a todos los socios de la alianza así como a los Estados del bloque del Este de la época. Alemania siempre había luchado por el desarme, la confianza y el diálogo con la entonces Unión Soviética y, por tanto, era un socio fuerte para Estados Unidos, pero para mantener la paz y la seguridad no debían olvidarse ni ignorarse »la acción política y la negociación, el entendimiento y la reconciliación de intereses« para mantener »relaciones políticas estables en todas las direcciones«.
Sexta medida
Estar preparado: prepping federal en lugar de una lucha por la supervivencia
La respuesta a la Guerra Fría fue una política de paz que fue de la mano con el descuido de la defensa civil y el control de catástrofes, por ejemplo en la construcción de refugios públicos a nivel federal y una autosuficiencia cada vez menor del comercio mundial y la seguridad importada de bienes y productos básicos como alimentos y medicamentos hasta el suministro energético.
Sin embargo, la mejora de la seguridad del país debe ser una prioridad para que Alemania sea más independiente no sólo en tiempos de paz, sino también en tiempos de guerra. Hay que considerar todos los escenarios, incluidas las emergencias y lo imprevisible. Y hay que tomar decisiones.
»Durante la Guerra Fría, la OTAN no se desvió para hacer valer los intereses de cada uno de los miembros de la alianza y luchar por ellos.«
Séptima medida
Cortar el cordón, emanciparse, pensar por sí mismo: EE.UU. no debe ser nuestro único norte
¿Por qué no contribuye a una solución política en el »sentido europeo« en lugar de representar cada vez más los intereses de los EE.UU. en una alianza germano-estadounidense cada vez más unilateral? ¿Por qué no desarrolla Alemania su propio concepto de seguridad, a pesar de que los riesgos superan ahora los beneficios para Alemania en la asociación desigual?
La decisión únicamente bilateral de estacionar de nuevo misiles estadounidenses de medio alcance en Alemania, previsto para 2026, es una reacción comprensible en la situación geopolítica, con misiles rusos estacionados en Kaliningrado, para aumentar la disuasión en la zona de la OTAN. Sin embargo, en contra del reparto de cargas y riesgos determinado por la OTAN, alberga el peligro creciente de un ataque de represalia ruso directamente sobre Alemania como supuesto sustituto, en caso de que EE.UU. lanzará un ataque sobre territorio ruso desde Alemania. Esto también desencadenaría una nueva carrera armamentística, incluida una acumulación de armas nucleares, lo que aumentaría la actual dependencia del país respecto a EE.UU. hasta un nivel sin precedentes. Por lo tanto, el riesgo recae exclusivamente en Alemania y, al mismo tiempo, la credibilidad y la influencia se reducen si Alemania desarrolla la »voluntad de diálogo necesaria« para las negociaciones en la guerra entre Rusia y Ucrania.
Por lo tanto, la solución sólo puede pasar por convertir por fin a Alemania en un socio igualitario: en lugar de seguir »importándola de EE.UU.«, debe existir una seguridad made in Germany, acompañada de diplomacia y diálogo, control de armamentos hasta medidas de desarme y mayor persecución de los intereses nacionales.
Octava medida
Asumir la responsabilidad social: Cuando los demonios nos impiden ver con claridad
Demonizar y, por tanto, deshumanizar al enemigo es una conocida estrategia propagandística para influir y atemorizar a la sociedad mediante un lenguaje explícitamente elegido, de modo que la gente se identifique con determinadas decisiones de su gobierno y, por tanto, las apoye.
Los medios de comunicación, por su parte, deben informar objetiva y críticamente para poder ofrecerle a la gente la oportunidad de formarse una opinión diferenciada y estimular el pensamiento crítico, y de este modo, hacer que los medios sean creíbles en lugar de sólo polarizadores. Esto pone en peligro la confianza de las personas en los medios de comunicación y las impulsa hacia fuentes de información alternativas y sociales. Por un lado, esto ofrece la oportunidad de obtener información neutral, pero también alberga el riesgo de verse sometido a un lavado de cerebro político. Para reducir »la enorme brecha entre la opinión publicada y la opinión pública«, tanto los medios de comunicación como los políticos, en su calidad de representantes del pueblo, deben dar más espacio y atención a las diversas opiniones públicas de la población y informar de forma amplia y objetiva, para dificultar el hecho de que las fuerzas de extrema derecha o izquierda exploten los medios de comunicación para sus propios fines de manipulación.
»La guerra no debe convertirse en un daño colateral de nuestra política exterior y de seguridad.«
Conclusión
Una Bundeswehr enferma –y, por tanto, sin opciones de defensa– así como un crecimiento económico estancado, la falta de alianzas energéticas, un riesgo creciente de inmigración ilegal debido a muchos años de guerra: la lista de problemas de Alemania es larga. A ello se añade el debilitamiento del vínculo transatlántico como garante de la seguridad europea. La importancia actual de la OTAN debe ponerse en tela de juicio. Y Alemania debe ser más activa y volver a presentarse internacionalmente como un auténtico igualitario en una Europa unida. Hay que demostrar más independencia y dar prioridad a los intereses propios.
Alemania ha perdido su posición fuerte y central y, por tanto, su influencia geopolítica en Europa y en el mundo. En lugar de posicionarse con claridad y defender los intereses nacionales, Alemania ha pasado de ser un aliado fuerte en el pasado a convertirse en un subordinado de los EE.UU.. Para poder reaccionar adecuadamente ante la actual situación mundial, actualmente no sólo faltan realismo y razón, sino que se necesita mucho más respeto en la interacción, más diplomacia y comprensión mutua, a pesar de los valores diferentes. El compromiso y el equilibrio de intereses son necesarios para resolver los conflictos. Sólo a través de la interacción del Hard Power (poder duro) –la fuerza militar– y el Soft Power (poder blando) –el diálogo y el entendimiento– puede lograrse la seguridad a largo plazo.
La narrativa occidental de una división indiferenciada del mundo entre el bien y el mal – democracias frente a autocracias– no se corresponde con la multipolaridad compleja de un orden mundial en desintegración. Debemos ser capaces de permitirnos una política exterior orientada a los valores más que a las soluciones. Y para que siga siendo creíble, debe aplicarse de forma continuada sin poner en peligro los intereses nacionales. Unos objetivos realistas y los medios necesarios para su realización constituyen el marco de una estrategia de política de seguridad. Sin embargo, sólo podrá funcionar si Alemania fortalece sus relaciones más allá de los Estados Unidos. Esto incluye a Rusia y China así como a los Estados BRICS y al Sur Global.
»Negarse a hablar es el fin de la política y la diplomacia.«
La única opción posible para Alemania es una política de seguridad independiente dentro de una unión europea sólida en materia de seguridad y defensa, con el fin de lograr la autonomía de Alemania y Europa entre EE.UU., Rusia y China y crear asociaciones igualitarias. Esto, sin embargo, requiere una política pragmática y de equilibrio de intereses, así como estrategias concretas.
Una influencia geopolítica fortalecida, por ejemplo gracias al poder económico de Alemania, puede utilizarse para mediar en conflictos entre otras naciones. Unas relaciones estables, incluso con socios »difíciles«, no tienen por qué significar necesariamente dependencia.
El mensaje central del libro es claro: la guerra nunca debe ser la respuesta, por muy diferentes que sean los intereses y valores de las naciones. La tarea primordial de Alemania siempre debe ser aplicar una política exterior y de seguridad orientada a la búsqueda de soluciones dentro de una Europa fuerte y unida, y abogar por el diálogo y el entendimiento. Por fin se debe volver a actuar en lugar de reaccionar. Y no hay más tiempo que perder.
Al cierre queremos agradecer al señor Vad, que muy amablemente nos brindó una copia digital de su libro.